Red Latinoamericana de Solidaridad de TorontoEstas fueron las palabras de introducciÛn a la primera reuniÛn p™blica organizada por la Red Latinoamericana de Solidaridad, en apoyo de la democracia popular en Bolivia y Venezuela, realizada en la Universidad de Toronto el Jueves 9 de octubre de 2008.Buenas noches. Mi nombre es Carlos Torchia y soy miembro de la Red Latinoamericana de Solidaridad. Bienvenidos a esta jornada de solidaridad con la democracia popular en Venezuela y Bolivia. Esta reuniÛn la llevamos a cabo un 9 de Octubre, fecha en que se conmemora un aÒo m·s de la muerte heroica del Comandante Ernesto Che Guevara. La rebeliÛn popular contra el imperio que hoy sacude a la AmÈrica Latina, podemos caracterizarla como la continuaciÛn de la misiÛn que se impusiera el Che: luchar por la liberaciÛn de los oprimidos por el imperialismo. No es casual que el retrato del Che sea alzado nuevamente por las multitudes que luchan por liberarse de la pobreza en La Paz, Buenos Aires, Quito o Caracas. øQuÈ ven los pueblos en el legado del Che? Ven a un hombre que hizo lo que dijo. Los pueblos admiran su consecuencia, que es exactamente lo que estaba haciendo falta en el continente de BolÌvar: su internacionalismo y fidelidad a la causa de los oprimidos, aun a costa de la propia vida. No hay duda que el Che est· vivo, en la gesta de Allende, en la fortaleza de Fidel, en la bravura del Subcomandante Marcos, en la consecuencia del comandante Chavez y de Evo. Sean estas palabras y esta reuniÛn nuestro sencillo homenaje a su vida: Comandante Che GuevaraÖPresente, ahora y siempre!! Amigas y amigos: Vientos de rebeliÛn contra el neoliberalismo y el Imperio soplan a lo largo y ancho de AmÈrica Latina. El neoliberalismo ha entrado en crisis de credibilidad incluso en el corazÛn del imperio. En los ™ltimos veinte aÒos, los oprimidos y los pobres de la ciudad y del campo, mujeres y jÛvenes, comenzaron a decir basta a la pobreza, a la desigualdad, a la explotaciÛn de las transnacionales y al dominio de la oligarquÌas locales. Es que, como consecuencia de la aplicaciÛn de las politÌcas neoliberales, hoy en AmÈrica Latina los ricos son m·s ricos y los pobres son m·s pobres. Desde el extremo sur del continente, pasando por CentroamÈrica y MÈxico los pueblos originarios se han levantado para luchar por su supervivencia y autonomÌa. Esta nueva rebeliÛn anti neoliberal tuvo su primer estallido en Caracas en 1989, cuando los venezolanos se alzaron contra los dictados del Fondo Monetario Internacional. En 1994, en MÈxico, al entrar en vigencia NAFTA, el EjÈrcito Zapatista de LiberaciÛn Nacional anunciÛ al mundo que los campesinos indÌgenas de Chiapas lucharÌan para no perder sus tierras ancestrales. En Brasil, desde 1984, el Movimiento de los Sin Tierra ha movilizado a millones declarando que ìla tierra es para el que la trabajaî. En 2001 los pobres y las capas medias en Argentina, echaron abajo 5 presidentes en menos de un aÒo protestando contra el hambre y el desempleo causados por las recetas del FMI. Los trabajadores argentinos ocuparon las f·bricas abandonadas por los patrones y las pusieron a producir. En Bolivia entre el 2002 y 2005 los movimientos sociales se opusieron a la privatizaciÛn en las llamadas Guerra del Agua y del Gas, expulsando del negocio a compaÒÌas transnacionales y derribando de paso a varios presidentes neoliberales. En 1992 el pueblo uruguayo, mobilizado por el Frente Amplio, aprobÛ un referendum que prohibe las privatizaciones de los bienes p™blicos. En 2006, en el estado de Oaxaca, MÈxico, el pueblo se rebelÛ contra la pobreza y la corrupciÛn del gobernador, desarrollando formas autÛnomas de poder popular. Del conjunto de estas luchas populares, y de otras tantas que los movimientos sociales y polÌticos impulsan en Guatemala, El Salvador, HaitÌ, Colombia, Per™ y Chile, han sido electos varios gobiernos progresistas en la regiÛn: en Venezuela, Brasil, en Argentina, en Bolivia, en Uruguay, en Nicaragua, en Ecuador y recientemente en Paraguay. Todos estos gobiernos, con m·s o menos profundidad y compromiso con el pobres, buscan alternativas a la economÌa de libre mercado. Millones de latinoamericanos empiezan a tener la esperanza de que otro mundo es posible. Sin embargo, son los procesos democr·tico-revolucionarios que se desarrollan en Venezuela y Bolivia, los que constituyen la avanzada de esta ola de resistencia y liberaciÛn, que ya fuera inaugurada por Cuba en 1959. Hugo Ch·vez y Evo Morales encabezan gobiernos que, retomando el legado de Allende, utilizan los recursos naturales para elevar la calidad de vida de sus pueblos. Por vez primera en su historia, los sectores populares en Venezuela tienen acceso a la salud gratuita, a la educaciÛn, a la alimentaciÛn subsidiada, a la tierra, forman cooperativas y son sujetos de un proceso democr·tico profundo y participativo, que ya se lo quisiera el pueblo estadounidense o canadiense. La gran votaciÛn de apoyo lograda por Evo Morales en el plebiscito del pasado 10 de agosto lo legitima como gobernante democr·tico ante la opiniÛn p™blica mundial. Evo tiene m·s legitimidad democr·tica que Bush y que Harper. La razÛn de este abrumador apoyo es que Evo est· cumpliendo su promesa de nacionalizar los depÛsitos de petrÛleo y gas natural, de terminar con el colonialismo interno y entregar a la mayorÌa indÌgena el lugar que le corresponde en la toma de decisiones a nivel nacional, de garantizar su acceso a la tierra, es decir los mismos objetivos por los cuales luchara y entregara su vida el comandante Che Guevara. Pero ya sabemos, y la experiencia de Chile asÌ lo indica, que al imperialismo no le gustan los cambios que afecten los intereses de la clase capitalista, ni le agrada la polÌtica independiente y soberana de Venezuela y Bolivia. No le gusta la nacionalizaciÛn de los recursos naturales ni la propiedad p™blica de la riqueza social o el desarrollo de formas poder popular surgidas desde abajo. Al imperio no le gusta la Alternativa Bolivariana para las AmÈricas (ALBA) impulsada por el presidente Ch·vez para promover la integraciÛn y la solidaridad entre los pueblos latinoamericanos, y que se contrapone a los Tratados de Libre Comercio, los que sÛlo funcionan en interÈs de las transnacionales y las oligarquÌas locales. Al imperio no le gusta que la palabra socialismo vuelva a resonar en el continente y que Cuba ya no se encuentre aislada. De ahÌ entonces la polÌtica intervencionista del imperio en Venezuela, apoyando la subversiÛn de la oligarquÌa y el nuevo intento de asesinato de Ch·vez. De ahÌ el fomento de la balcanizaciÛn de Bolivia, organizada por el propio embajador yanqui en coordinaciÛn con la oligarquÌa separatista de la llamada ìmedia lunaî. Ya dijimos que corren otros vientos en AmÈrica Latina. Los pueblos no quieren que se repita la tragedia de Allende y declaran que hoy, en AmÈrica Latina, no hay lugar para otros Pinochets y que los gobiernos soberanos que se dan los pueblos, deben ser respetados. AsÌ lo han entendido los gobiernos de los paÌses agrupados en UNASUR (Las Naciones Unidas de SudamÈrica) los que en su declaraciÛn de Santiago del 15 de septiembre, expresaron el m·s decidido apoyo al gobierno de Evo Morales, el rechazo a todo golpe de estado y a las maniobras destinadas a quebrar la estructura institucional y territorial de Bolivia. Al respecto, hemos hecho nuestra la iniciativa del ComitÈ de Solidaridad con Bolivia de Toronto y le estamos pidiendo al gobierno canadiense que respalde la declaraciÛn de Santiago. A quienes integramos la Red de Solidaridad Latinoamericana nos parece que es urgentÌsimo desarrollar a un nivel m·s alto la solidaridad con la lucha de los pueblos de Venezuela y Bolivia y denunciar los atentados contra sus gobiernos democr·ticamente constituÌdos, y los intentos de revertir las reformas profundas en beneficio de sus pueblos. M·s a™n, amigas y amigos, esta actitud internacionalista tiene su fundamento en nuestro entendimiento de que los procesos de cambios que se desarrollan en LatinoamÈrica, no son algo distante o ajeno a nuestra propia vida: porque la protecciÛn a la salud, a los derechos de la mujer y de los niÒos, el derecho a la educaciÛn, al trabajo, el derecho a la autonomÌa de los pueblos originarios y la defensa de la salud de la madre naturaleza, constituyen tambiÈn los desafÌos que que tenemos que enfrentar en Canad· de manera m·s decidida. Impregnados del pensamiento internacionalista del Che, es que, para educarnos y expresar nuestra solidaridad con Venezuela y Bolivia, para esta noche hemos organizado un panel que estar· integrado por dos miembros de la delegaciÛn venezolana que nos visita, Zoila Milagros y Layo Gazquez y por los compaÒeros bolivianos Cynthia Cisneros y Juan Valencia. Ellos nos informar·n de primera mano quÈ pasa en sus paÌses y quÈ necesitan sus pueblos de parte nuestra. Esperamos que ustedes tengan muchas preguntas y expresen sus comentarios. Muchas gracias. |