Columna Abierta
Entre Aromas y Memoria
Alfonso Alvarez

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Como todos los sentidos, el olfato impacta en nuestro cerebro y activa de una u otra manera esa área reservada a la  memoria. Con la memoria en marcha y en el caso del sentido olfativo, diferentes tipos de olores estimulan la memoria, esa que siempre nos está recordando que sin ella, no existiría la historia, seria plano el presente, y el futuro parecería como una enorme nebulosa.

No todos creemos en el fin de la historia que predican algunos trasnochados pensadores, que quieren incursionar de ideólogos.

En nuestro caso personal, en días pasados, mientras picábamos un buen pebre a la chilena, el olor del cilantro y la cebolla, del ajo y del tomate, del aceite y del limón, de la sal, la pimienta, el ají, todos los aromas mezclados hicieron aparecer en la memoria, el olorcito del pan recién amasado, calientito a la puerta del horno para untarlo en pebre, transportándonos al comido en Castro y Curaco de Vélez. A la orilla del mar con un curanto lejano en Punta Arenas. Acompañando con un asado al palo allá por Buin, o el asado crucificado con que unos buenos amigos nos festejaron a la orilla del canal Beagle por la Tierra del Fuego.

Los olores trajinan por la memoria, el olfato se deleita recordando, y las olorosas humitas como que saltan a un plato, se combinan con el aroma de prietas y papas hervidas; las cazuelas de ave y de chancho elevan sus vapores y fragancias; se huele la manteca que fríe los milcados y en nuestra memoria asoman mostos y caldos  blancos y rojos.

Y la memoria recogiendo lo que el olfato le dice huele el yodo de las costas de Antofagasta y desdibuja las formas del erizo aderezado con pebre y limón.

Los quesos se descuelgan de la larga geografía, en cada zona, en cada región tienen su sabor y olor especial. Queso de cabra en San Felipe o Putaendo.

El azafrán revolotea en el arroz de la paella Y nos envía su fragancia aliándolas a la de los camarones, choritos y calamares. El aroma de la canela surge desde la fuente de arroz con leche y las flores en maceteros y vasijas, envuelven el espacio con lo sutil  de sus esencias.

Un buen Amaretto con su sabor dulce y fuerte estremece las papilas olfativas formando parte del buen postre.

Y así, entre olores y evocaciones, el espacio de Columna Abierta se va completando y olores y memoria nos dicen que estamos vivos, que allá adelante está el futuro y que la historia nunca se termina, sigue adelante con la vida de los nuestros.

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